Baja emoción en las crónicas deportivas

Tremendo partido de fútbol pudimos vivir ayer los ticos, 90 minutos de sudor y alta adrenalina, en un despliegue táctico muy pero muy pocas veces visto por le cuadro patrio, una joya con un desenlace que no refleja lo que vimos en la cancha.

Para esta mañana, junto a mi tacita de café, en mi escritorio, me dispongo a revivir esos 90 minutos que me hicieron amanecer afónico esta mañana. Tomo los periódicos del día, busco rápidamente las secciones de deportes, y me pongo a leer con atención y entusiasmo las crónicas del juego, esperando volver a sentir la pasión correr por mis venas, pero…

Recuerdo aquellos tiempos en los que el cronista nos trasladaba nuevamente a los partidos disputados el día antes, a travez del papel amarillento y la tinta negra, nos hacía volver al césped, nos hacía retornar a aquel ambiente cargado de sudor y agallas.

Hoy, leyendo las crónicas que nos presentaron varios diarios, como La Nación, veo que los tiempos han cambiado a una pequeña y escueta pincelada del encuentro, un simple retoque, en el que lo importante, pareciera, es ahorrar papel y tinta.

Mi felicitación a Kenneth Hernández, de La Extra, que supo imprimir bastante energía a su redacción y salvó la jornada, como lo hizo Ledezma, durante los primeros 90 minutos.